La
cabeza de Hortales es un cerro amesetado, de origen calco-arenítico,
situado a unos 470 metros sobre el nivel del mar, que domina una amplia
zona de la vertiente del río Guadalete y de su afluente, el Majaceite.
Desde su cota más alta se pueden observar otros importantes enclaves
humanos de la Sierra de Cádiz (sobre todo la zona de Tavizna y la Sierra
Alta por un lado y la campiña alta hacia Arcos). Es decir, controla y
domina una de las vías de comunicación principal entre la sierra y la
campiña arcense-jerezana. Por si fuera poco, las margas que lo circundan
han producido una serie de sustancias salitrosas que son el origen de sus
famosas salinas, cuya sistemática explotación ha sido el factor decisivo
para que haya estado habitado desde la prehistoria.
De esta forma, su estratégica y privilegiada situación geográfica, que
la hacen muy fácil de defender, la presencia abundante de agua, sus ricas
salinas (únicas en la sierra), el control económico de un importante
territorio circundante y la supremacía sobre las comunicaciones
terrestres de toda la zona, convierten a este enclave en el lugar perfecto
para un asentamiento continuado desde la Prehistoria Reciente. De hecho,
en 1987 se descubrieron los restos de una serie de fondos de cabaña,
asociados a una industria lítica microlaminar y a cerámicas neolíticas
(con cerámicas cardiales incluidas) que atestiguan que al menos desde la
mitad del IV milenio antes de nuestra era ya existía una comunidad
estable ahí, posiblemente vinculada ya a la explotación de las salinas.
La presencia de cerámicas cardiales en un yacimiento al aire libre hacen
que La Cabeza de Hortales se convierta en uno de los yacimientos más
importante de toda la sierra gaditana.
Durante
la Edad del Cobre también debió de ser ocupado, pues también se han
recogido, en superficie, cerámicas características de esta época.
Debemos pensar que siguió siendo un importante núcleo de habitación y
explotación en época del Bronce y que, posteriormente, en su meseta se
construyó un auténtico "oppidum" (ciudad amurallada),
denominado ya como "Iptuci". La ciudad debió tener una
importante población púnica, con fuertes influencias semitas, como lo
demuestra que a partir del siglo II a.C., ya bajo la órbita romana, acuñara
monedas, al principio bilingües, con un alfabeto denominado libio-fenice
por unos historiadores o neo-arameo por otros (en todo caso con un claro
patrón de tradición púnica en su metrología y gaditana en sus figuras.
Sus monedas suelen tener una
cabeza barbada (Baal Hammón) o de Hércules-Melqart en el anverso y una
rueda de carro de ocho o seis radios con la leyenda IPTVCI en el reverso.
La aparición de epigrafía de época romana en La Cabeza de
Hortales nos aporta importantes datos sobre la ciudad. Uno de ellos es un
fragmento de tabula de bronce fechado en el año 31 d.C., donde se cita un
hospitium (una especie de hermanamiento contractual) entre las ciudades de
"Iptuci" y "Ucubi" (hoy día identificada como Espejo,
en Córdoba), firmada por los cónsules y magistrados romanos.
También
aporta interesantes datos una inscripción honoraria del siglo II d.C.,
actualmente empotrada en la fachada de la torre de la iglesia de Prado del
Rey, dedicada a Fabia Fabiana donde se menciona al Ordo Iptucitanorum, o
senado local y confirma que la ciudad de "Iptuci" ya poseía la
municipalidad plenamente romana.
Sin embargo, arqueológicamente, hoy en día se pueden apreciar escasos
restos constructivos romanos, a excepción de una necrópolis con hipogeos
excavados en la roca en una de las faldas del cerro, un par de aljibes con
revestimiento hidráulico de "opus signinum" y poco más, ya que
realmente los restos que se pueden observar pertenecen a la última época
conocida de la ciudad, a su fortaleza andalusí.
Esta fortaleza andalusí está compuesta por un recinto cuadrangular de
murallas, construidas con piedras irregulares y relleno de mortero y
ripios, que tiene una entrada en codo en su lado norte y diversos
torreones, de los que se conservan relativamente bien dos, uno circular y
otro cuadrado. En la construcción de estas murallas y torres se
reutilizaron sillares y mármoles de época romana. Durante las
excavaciones de 1993, se recuperaron abundantes cerámicas de época
califal y almohade, destacando dos grandes jarrones de abluciones,
vidriados y con decoración estampillada que han sido recientemente
restaurados, fechables en el siglo XII.
Asimismo, en la última actuación sobre el yacimiento, efectuada por el
programa "Arqueosierra" de la Mancomunidad de Municipios de la
Sierra de Cádiz, se ha localizado la necrópolis hispano-musulmana en la
ladera sureste del cerro. Se documentaron en total 47 enterramientos de
inhumación en fosa simple, excavados en la marga, con el individuo en
posición decúbito lateral derecho y orientados al Este, siguiendo el
rito islámico.
Tanto en las crónicas musulmanas (como la de Al Himyari) como las
cristianas del rey Alfonso VII, se relata como una incursión cristiana
destruye una ciudad denominada Tucci en la comarca de Jerez en 1133,
identificada por algunos autores con nuestra "Iptuci", que quedó
despoblada desde esta fecha. Después de este suceso, desconocemos si esta
ciudad se recuperó de este ataque, aunque la falta de datos arqueológicos
posteriores induce a situar, efectivamente en esta época, el fin de la
ciudad. El material cerámico posterior es insignificante en las
prospecciones que se han realizado.
El yacimiento ha sido declarado recientemente como “Bien de
Interés Cultural“ por la Consejería de Cultura de la Junta de
Andalucía.